
Es la hora de repartir los medicamentos. De forma casi automática 35 pacientes empiezan a formar una línea. Ella se encarga de brindarles las pastillas y cerciorarse de que las tomen. Siempre atenta y sutilmente observadora. Su tarea no es fácil, pero así la escogió. Hace 22 años supo que el mundo de las personas con enfermedades mentales era el suyo.
Es su vocación. Mercedes Pincay, licenciada en enfermería, deja a un lado su vida personal para adentrarse al Hospital Psiquiátrico Lorenzo Ponce, donde ha trabajado toda su vida. El sacrificio es grande, pues su sueldo no llega ni al salario básico vital. Sin embargo, el amor por servir la mantiene allí. Y tan grande es ese sentimiento, que pese haber sido agredida en dos ocasiones por una interna, no ha desistido.